
Cien años de vida y 70 de arte de una de las figuras más emblemáticas de la renovación de la arquitectura en el siglo XX. La obra del brasileño Oscar Niemeyer (Río de Janeiro, 1907), ocupa desde ayer, con una exposición al aire libre, casi un kilómetro del paseo de la ría de Avilés, justo enfrente de donde a finales de este mes se prevé que arranquen las obras de construcción del primer complejo arquitectónico del que dispondrá España del ya mítico creador de la ciudad de Brasilia. La exposición inaugurada ayer es una antológica de la trayectoria creadora de Oscar Niemeyer justo en el año en el que el artista alcanza un siglo de vida. Niemeyer, 100 por 100, título de la muestra, sintetiza en su enunciado la ambición totalizadora de esta recopilación, pero también la finalidad de sus comisarios de ahondar en la esencia misma del espíritu de una obra que recorre buena parte de la pasada centuria y que se ha adentrado, sin perder ni su vanguardismo ni su actualidad, en el segundo lustro del siglo XXI, bajo la premisa -que ayer reiteró Niemeyer en un discurso grabado en vídeo- de que las personas han de primar sobre la arquitectura.

Cien grandes paneles instalados en el paseo de la ría de la ciudad asturiana exhiben toda su ejecutoria artística mediante fotografías, bocetos, planos, infografías de las obras más características del arquitecto en varios continentes y dibujos de sus distintas etapas creadoras, que se remontan a sus esbozos primigenios, de los años treinta, y a sus primeros hallazgos en la utilización la línea curva, y culmina con su próxima obra para Avilés. Se trata de materiales, en algunos casos inéditos, procedentes del estudio del artista que se enriquecen con textos del arquitecto que permiten ahondar en su pensamiento y en su concepción humanista. Niemeyer -autor, entre otros, del Museo de Arte Moderno de Caracas, la sede de la editorial Mondadori, en Milán; las instalaciones del diario L’Humanité y del Partido Comunista, en París- se convertirá en el gran símbolo de la ciudad de Avilés y autoridades, fuerzas locales y ciudadanos aspiran a que ejerza como gran elemento tractor y dinamizador de una comarca que padeció el declive de las reconversiones industriales de los últimos 30 años.
Niemeyer, longevo y temeroso de los aviones, nunca visitó Asturias. Pero desde que en 1989 recibiera el premio Príncipe de Asturias de las Artes -que recogió su hija en Oviedo-, ha ido estrechando su relación con la región. Ayer, sin embargo, anunció que se dispone a viajar al Principado para supervisar las obras del futuro complejo que llevará su nombre, y con el que se confiesa “entusiasmado”.













