
John Fante fue un escritor internacionalmente reconocido nacido en Colorado. Escríbia guiones para obtener ingresos adicionales y así poder sostenerse y desarrollar su carrera como escritor.
Su novela más popular, “Pregúntale a polvo”, una novela semi-autobiográfica, forma parte de la saga de Arturo Bandini, su alter ego literario. Empleó ese personaje en cuatro de sus novelas: “Espera a la primavera, Bandini”, “Camino a Los Ángeles”, “Pregúntale al polvo” y la que fue su última novela “Lo sueños de Bunker hill”, la cual, a causa de su ceguera tuvo que dictársela entera a su esposa, Joyce para que ésta transcribiera sus palabras. Entre sus novelas también se incluye a “La hermandad de la uva”, “Un año pésimo”, “Al oeste de Roma”. Entre sus guiones cinematográficos cabe destacar la adaptación que hizo de la novela de Nelson Algren, “La gata negra”. No fue hasta que llegó a su vejez cuando obutvo un más que merecido reconocimiento, ya que las reimpresiones de sus antiguas novelas por Black Sparrow supusieron un éxito comercial y crítico. Los temas más recurrentes que podemos encontrar en su literatura suelen ser el catolicismo, lo que significa ser italo-americano y las relaciones turbias (ya sea entre amantes, familia o con Dios). Su estilo directo y claro y sus agudos diálogos hacen de él un escritor muy accesible y se le considera precursor del realismo sucio, teniendo a Charles Bukowski entre sus más fervientes acólitos.La novela Pregúntale al polvo (Anagrama, 2001) está montada sobre tres historias. Primera: un muchacho de veinte años sueña con ser escritor y, en efecto, lo logra. Segunda: un muchacho de veinte años, católico, intenta vivir pese al hecho de ser católico. Tercera: un muchacho de veinte años ítaloamericano se enamora de una joven hispanoamericana y quiere casarse con ella.

Imagínense que amalgaman las tres historias, que hacen que confluyan los tres muchachos de veinte años (el escritor, el católico, el ítaloamericano enamorado) en uno solo, y lo que obtienen se llama Arturo Bandini. Agítenlo y obtendrán Pregúntale al polvo. Admitiendo, claro está, que ustedes posean un talento bestial
Luego, aparece Camila, y al libro lo va absorbiendo una vertiginosa derrota. En los últimos capítulos, los éxitos del Bandini escritor y las ciénegas inmóviles de su catolicismo, acompañan el hundimiento de Camila, como escenarios cada vez más lejanos y baladíes. Con metamorfosis de insecto, el libro sale del capullo de un alegre diario juvenil para remontar el vuelo de una adulta e insalvable derrota. ¡Vean lo que puede hacer una mesera mexicana…!
La historia del muchacho de veinte años que sueña con ser escritor es muy lineal, sencilla y decorada con un final feliz. A quienes se hayan embarcado en semejantes ambiciones, la narración les regala, no obstante, algunas lecciones útiles. La primera tiene que ver con la relación entre escribir y el dinero. Bandini escribe para ganar dinero: no para expresarse, no para crear algo hermoso, quizá ni siquiera para demostrarle algo a alguien. Escribe porque tiene hambre y quiere comer; porque está solo y quiere mujeres ricas y perfumadas; porque a su alrededor ve a la ciudad de Los Ángeles y quiere poseerla. Muy pragmático y muy norteamericano. No es que las cosas, en general, sean exactamente así, pero la conexión entre el gesto de escribir y el gesto del artesano que trabaja para vivir es un buen punto de partida. Todo lo demás, si acaso, viene después. En esto, creo que él tenía razón.











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